¡Qué bueno que viniste!

¡Qué bueno que viniste
y acompañas mis letras y lágrimas!
¡Qué bueno que a mi lado
mis lamentos escuchas y me llamas!
¡Qué bueno que llegaste,
lectora que atenta me acompañas!

¿Quién más hará lo mismo
y un día cualquiera
me será, como tú, fiel compañera,
invariable en el tiempo,
incansable en la espera?

Recuerdo que hace tiempo
me hablaste y no entendía tus palabras.
Yo contemplaba el árbol
que aislado creció detrás de casa.

A veces te llenaste
de números y fórmulas exactas.
¿Quién dijo que lo rígido
te puede merecer, amable página?


Cristino Alberto Gómez
16 de febrero del 2010

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