La nueva dedocracia dominicana

Por Cristino Alberto Gómez
18 de febrero de 2010
     No soy amigo de emitir juicios de valor; mucho menos si son infundados. Amigo soy, inseparable, del saber, y es el creciente deseo de encontrarme con nuevos conocimientos una fuerza que ha sabido moverme de manera impresionante. Soy refugio de una mente que pregunta y me invita a cuestionar más allá de las presunciones.

     Me pregunto, brevemente, si es correcto llamar "democracia" el sistema político y administrativo de mi querido país. Sé que en la práctica admite votos negociables desde las comunidades hasta el Congreso, sistemas de seguridad tan permisivos que resultan ciegos ante las atrocidades de almas adiestradas para apagar vidas en vez de hacer respetar las leyes, entrenadas y designadas para negociar en lugar de asumir una responsabilidad patriótica. Me pregunto, sin deseo de auto-respuesta, ansioso de leer lo que opinan quienes conocen las leyes mejor que yo, quienes conocen la esencia de la democracia y sus virtudes, cómo podemos llamar a este fenómeno que describo y cuáles otras naciones lo comparten. Hasta el momento de saber sus dimensiones lo consideraré muy nuestro.


     He estado atento al tema de reservaciones de candidaturas por la "alta dirección" de los partidos. En mis conversaciones con amigos he defendido como idea que, si bien esas organizaciones tienen sus particularidades y reglamentos, deben considerar las implicaciones de ese tipo de medidas. En el presente período electoral, no sólo se ha reservado un cuantioso número de candidaturas, sino que se ha esperado estar a tres meses de las elecciones para empezar dando a conocer las decisiones. Hasta este momento, no sólo ha sucedido que los aspirantes a diferentes puestos han invertido su valioso tiempo y dedicación diseñando y promoviendo proyectos en los que confían como vía para generar las transformaciones sociales que idealizan y que sin embargo no tendrán siquiera la posibilidad real de ejecutar, sino también que los demás miembros y simpatizantes de los partidos se han visto en estado de inseguridad, confusión e incluso decepción y disgusto por ver frustrado el sueño en que su participación es importante como parte de una anhelada democracia, la cual resulta más difícil que si pudiera considerarse utópica.

     Me pregunto miles de veces lo mismo, y siento que cae parte de mi cabello buscando alguna contestación acertada. ¡Qué interesante es el proceso de aprendizaje: la placentera respuesta a cada pregunta es un conjunto de nuevas inquietudes!

     Busco el Diccionario de la Real Academia Española. Democracia: "Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado". Puede haber definiciones más elaboradas, y agradeceré ser bendecido con un poco más de conocimiento al respecto, pero interpreto por esta definición que en una democracia gobierna la voluntad del pueblo. No creo que sea este el caso de las actuales elecciones internas de los partidos políticos que conocemos. Esta opinión no implica de manera alguna que los partidos lo estén haciendo mal; no tengo la voluntad de realizar ese juicio, sino de iniciar un proceso de enriquecimiento conceptual. En lo que empiezo a no estar de acuerdo, ahora sí (contando con la citada definición), es en que se siga hablando de una democracia.

     A lo mejor no he sido capaz de percibir apropiadamente los sonidos y las letras, mientras éstos han querido hablar de una dedocracia que puede estarse confundiendo con la referida democracia. "Total, pensarán, es sólo una letra". Pero les cuento que son dos conceptos muy distintos. Busquemos nuevamente el RAE. Dedocracia: "Práctica de nombrar personas a dedo, abusando de autoridad". ¿No ajusta mejor este modelo a lo que estamos viviendo con las elecciones internas? Nuevamente me reconozco ansioso de profundizar en el tema, y mientras tanto les comento que lo creo así. Los amantes del saber y de la política experimentamos hoy el novedoso y completo laboratorio para comprobar la existencia de un interesante modelo político: la nueva dedocracia dominicana.
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*El autor es Estudiante de Maestría en Socioeconomía Ambiental

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