Se nos fue abajo el puente, compai

Por Cristino Alberto Gómez
En Quisqueya ha llovido intensamente durante los últimos días. El Distrito Municipal de Capotillo, en la fronteriza provincia Dajabón, ha recibido sus muchos milímetros de precipitación.

Desde los miles de kilómetros de distancia donde me encuentro me he enterado a través de la red, y he confirmado a través de comunicación telefónica con mis familiares, que el puente del Río Manatí ha colapsado. Alguien que lee este último enunciado puede pensar que se trata de una aguda catástrofe; no necesariamente. 

Hace casi una década que el referido puente viene arrastrando el inminente peligro pero a nadie en las oficinas públicas le interesaba que la raíz del problema fuera atacada antes de convertirse en un asunto mayor. Obviamente, ¿quién verá una obra que se encuentra a exactamente 300 kilómetros de la Capital? Entonces, ¿para qué preocuparse por esa histórica comunidad si se pueden construir proyectos más visibles y que permitan devengar más comisiones? Probablemente estas habrán sido algunas de las preguntas que se hiciera algún funcionario al conocer sobre los frecuentes reclamos de las diez comunidades que hoy están incomunicadas y aisladas, viéndose muy seriamente afectada su vida social y la economía local. 

Quizás muchas personas (de afuera y de casa) habrán pensado que locos y locas eran quienes liderados (as) por Anny Muñoz realizaban marchas e intervenciones en los medios de comunicación denunciando el problema real y potencial que representaba el puente sobre el Río Manatí, al que cada vez se le despegaba un nuevo pedazo. La buena voluntad del director de la Junta Municipal, Santiago Díaz, pareció no ser respaldada por la del gobierno central ni del municipal. ¿De dónde podía sacar Capotillo o la gente de sus comunidades los fondos requeridos para semejante obra, sin el apoyo de un Ministerio de Obras Públicas que teóricamente existe para enfrentar situaciones como esta?

Siempre sucedía que las entidades responsables de reconstruir esta obra pública llegaban a hacer un 'allante': ponían un poco de cemento aquí, un hierro allí y un alambre allá. Mientras tanto, la zanja en el centro del puente y las cuevas en sus extremos se hacían más conspicuas cada vez. 

Ahora llegó lo esperado: el desplome. Y llegó en un mal momento, cuando acaban de pasar las elecciones. "¿Ahora quién podrá defendernos?". ¿Serán necesarios otros dos años hasta que se acerque un nuevo mayo eleccionario?  ¿Hasta cuándo tendrá nuestra gente que clamar la reconstrucción de esta obra vital? Espero con ansias una respuesta acompañada de la definitiva solución a este problema. Dejo sobre la mesa el reto de  hacer que un nuevo puente espere amablemente a los miles de dominicanos (as) que vendrán a conmemorar  el 16 de agosto de este año el valiente Grito de Capotillo, acto aquel que en 1863 dio inicio a la Restauración de la República. Si al menos alguien se acordara de eso...

Cristino Alberto Gómez
4 de junio de 2010
8:19 PM

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