La culpa de dejarse ver


Un ruiseñor viene sangrando;
una culebra está al correr.
Un pez también está pagando
la culpa de dejarse ver.

Han descendido de la palma
nidos, pichones y esperanza.
¡Ay cigua amada! Me desalma
verte partir con tu mudanza.

Caerá en la sima de un momento,
llena de pólvora y desdén,
una guinea que echa al viento
su canto dulce, o si la ven.

No ha llevar arroz ni mango
la jaiba en su alimentación,
pero sacarla hasta del fango
¿quién no conoce la lección?

Juntas cual pétalos de rosas,
por doce horas el placer
pueden gozar dos mariposas.
Claro, si no se dejan ver.

Será alimento de otro perro
cada felino entre los montes
porque es la causa de su entierro
en paz bordear los horizontes.

Arden mis ojos contemplando
cómo padece cada ser
que sin pecar sufre pagando
la culpa de dejarse ver.

Cristino Alberto Gómez Luciano
Lunes 29 de septiembre del 2008

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