El Pensamiento Estratégico

Cristino Alberto Gómez
Para la gestión de estrategias efectivas, es necesario un tipo de mentalidad particular, capaz de visualizar situaciones a futuro y emplear sus habilidades para obtener ventajas de esa visualización. A este tipo de mentalidad se le llama pensamiento estratégico.
El estratega debe saber anticipar los escenarios en los cuales operará la empresa y a partir de ello generar soluciones, para proponer acciones motivadoras que aseguren la participación de toda la organización hacia un mismo sur.
El pensamiento estratégico no es una cualidad que nace con las personas, sino que se desarrolla a través de la experiencia y el aprendizaje. Tampoco es un asunto de Coeficiente de Inteligencia ni cuestión de superdotados, sino que cualquier persona como usted o como yo puede prepararse y ejercitarse para pensar estratégicamente.
Lo esencial del pensamiento estratégico es saber combinar de manera balanceada el razonamiento con la creatividad. Es sabido que el hemisferio izquierdo del cerebro está orientado al razonamiento lógico mientras que el derecho se relaciona con las emociones y la imaginación. En el caso de la persona que piensa estratégicamente, se espera un apropiado balance entre la función de ambos hemisferios, concentrando la atención en visualizar oportunidades y enfocar su aprovechamiento en un escenario futuro de acuerdo con la visión empresarial. Según Estévez-González et ál. (1996), la atención es una función cerebral compleja y bilateralizada, controlada por tres sistemas cerebrales interconectados: de alerta, de atención perceptiva o posterior y de atención supervisora o anterior[1].
Una mente en atención resulta esencial para anticipar escenarios y generar soluciones a tiempo. Esto permitirá obtener ventajas en el ambiente de competencia al cual se enfrentan día a día los estrategas: el juego empresarial.
Algunas actitudes comunes en los estrategas son:
-  Indagan, corrigen y previenen las causas de los problemas[2].
- Se preocupan por la mejora continua.
- Actúan considerando el ambiente externo.
- Generan y buscan ideas que le permitan mejorar.
- Se enfocan en la visión de futuro.
- Ven el árbol completo (no sólo una hoja).
Es importante también analizar qué tipo de preguntas nos hacemos con frecuencia y qué fin buscamos con ellas. Existen varios tipos de preguntas: unas de ellas buscan llegar a datos concretos y esperan una respuesta exacta. ¿Qué día es hoy? ¿En cuánto aumentó la producción este año? ¿Cuánto cuesta esta maquinaria? Otras procuran elegir entre pocas opciones y pueden ser respondidas con un sí o un no.  ¿Te puedo llamar esta tarde? ¿Sacamos este producto del mercado? Un tercer grupo, en cambio, suele incluir preguntas abiertas destinadas a generar ideas. ¿De qué otro modo podemos hacerlo mejor? ¿Qué otras opciones tenemos? ¿Por qué?
De acuerdo con Aceves Ramos (2004), la mente del estratega tiene la capacidad de hacer preguntas que:

- Siendo sencillas, se enfocan en la exploración de nuevas formas de innovar.
- Escudriñan aspectos que de otra manera serían inadvertidos. Si bien dije más arriba que el estratega se enfoca en el árbol completo, también es cierto que no pierde los detalles importantes, por lo que busca profundizar en el conocimiento de los temas, situaciones, hechos relevantes para la visión estratégica.
- Enfocan la esencia de un problema, yéndose a su raíz para atacar las causas de ese problema y con ello evitar que se extienda al futuro.
- Amplían los horizontes en busca de nuevas ideas. Las preguntas abiertas dan paso al surgimiento de ideas diferentes, sobre todo cuando se pone en duda la certeza de lo que estamos pensando o decidiendo para conquistar otras maneras de visualizar las cosas.
- Estimulan soluciones que trascienden las tradicionales. No basta con hacerlo bien o mantener las prácticas que han funcionado a través del tiempo, sino que siempre hay espacio para dar lo mejor de sí e ir más allá.
- Transforman un problema en oportunidad. Esta característica es generalmente atribuida a las personas emprendedoras. Al momento de formular preguntas abiertas, se crean las condiciones para encontrar soluciones innovadoras a las situaciones que de otro modo se considerarían como problemas irresolubles.




[1] Estévez-González, A; García-Sánchez, C; Junqué, C. 1996. La atención: una compleja función cerebral. Rev. Neurol.  1997; 25 (148): 1989-1997
[2] Aceves Ramos, VD. 2004. Dirección estratégica. McGraw-Hill Interamericana. México, D. F., 367 p.

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