Mirar desde afuera

Por: Cristino Alberto Gómez

La gente suele decir que desde afuera se ve mejor el juego, que uno adentro sólo ve algunas jugadas mientras el de afuera tiene la vista de todo el estadio. Y tienen razón. Pero no quiero hablar, ni hago referencia, de un sencillo juego de pelota o ajedrez en el que los expectadores saben todas las jugadas excepto cuando entran al play o al tablero. Quiero referirme al juego complejo de la vida, en especial a los problemas del mundo.

La historia más completa no la escribe el que la está viviendo; la cuentan los que tienen luego la posibilidad de estudiar los hechos y las circunstancias bajo las cuales ocurrieron. Asímismo, nadie logra completar su autobiografía. El único que, de haberlo querido, pudo hacerlo y puede, es Jesús: primero, porque sabía antes de morir cómo iba a ser y, si se quiere, cuándo; segundo, porque después resucitó y vive colmado de la omnipotencia que le caracteriza en su membresía co-trinitaria de la divinidad.

Pero, ¿y entre nosotros los imperfectos? Nadie entre nosotros, por cristiano que sea, puede tener la certeza del momento preciso en que colgará los zapatos. Precisamente por la incapacidad de la historia para predecir certeramente el futuro, es que los hechos específicos se cuentan luego de su ocurrencia. De no ser así, la vida sería muy vacía, pues poco sazón tendría lo que hago hoy si supiera lo que pasará mañana y si por tanto eso fuera independiente al momento presente.

Entonces las cosas pasan; podemos planear acciones y llevarlas a cabo pero no predecir las circunstancias bajo las cuales habrán de ser realizadas. Sin embargo, a medida que se obtiene información acerca de lo que ha sucedido, se puede llegar a una exactitud impresionante en su narración. Esa facultad de poder analizar desde afuera el juego le da razón al hecho de que para poder analizar, criticar y transformar la sociedad es necesario "salirse" de ella. No aislarse a vivir solitariamente, mas sí renunciar al bote ligero cuya brújula y motor son utilizados y guiados por la corriente turbulenta del mundo.

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