Pequeña distante

Es un castigo,
terrible y sin sentido,
cual si nuestro amor fuera prohibido,
la distancia.

Es también una pena
pensar que lloras
mi ausencia.
Toras las horas
extraño tu inocencia.

Sí, por amarnos tanto,
más allá del mundo,
es la condena
esta lejanía.

¡Quiero tu compañía!,
mi pequeña distante,
alegría matinal,
mi silencio,
mi final.

Seca mis lágrimas
la soledad que me hunde
como en el fondo abisal,
perdido en las horas,
impaciente y vencido.

¡Ansío tu presencia!
Un minuto no he dormido.
Las horas no terminan.
Sin ti no llega la noche,
soy ave sin nido.

Es un castigo
saberte junto a la noche,
pensar que no estás conmigo,
temer que pueda arrullarte
el calor de otro abrigo.

Cristino Alberto Gómez
7 de abril del año 2008

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