Silencio eterno


No son tus ojos los que me invitan
a mirarte con ternura
ni aun tus labios los que me gritan
que llegaré a la locura
y que el tren cuyo boleto
en manos tengo no para nunca.

¿Serán tus manos, cuando me tocas,
que no callan tus secretos?
¡Si tú supieras todas las notas
que en tus risas interpreto!

¡Cuánto daría por que cambiaras
en cada beso
la dirección de tu boca!
¡Y qué no haría por que saciaras
mi sed de amarte y volverte loca!

Como el misterio más sempiterno
guarda mi alma en total reclamo,
bajo mi piel, el silencio eterno
que nunca admite cuánto te amo.

Cristino Alberto Gómez
Costa Rica, 2 de noviembre de 2008

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