El motoconchista



Las calles conocen su nombre y su historia. A través de él se han enterado también de las aventuras y desgracias de la mitad del pueblo. Más allá, a lo profundo, describe en su amplia existencia la triste realidad de un país con pocas oportunidades.
"Motoconchista" es el término que se usa en la República Dominicana para definir a la persona que se encarga de transportar pasajeros o hacer mandados en una motocicleta. El término refiere las palabras "moto" y "concho", esta última significando "servicio de transporte público de pasajeros", generalmente en carros en la zona urbana o en camioneta en la zona rural. A diferencia del concho, el motoconcho es por lo general un servicio personalizado, más parecido al del taxi.
La cantidad de motoconchistas ha aumentado considerablemente en los últimos años, al punto que, de acuerdo con la Confederación Nacional de Motoconchistas (CONAMOTO), en 2013 se estimaba entre 233 mil y 250 mil personas dedicadas a esta actividad; sin embargo, las cifras de la Oficina Técnica de Transporte Terrestre (OTTT) solo reportan 47 mil personas para el mismo año (La Lupa Sin Trabas, junio 2013). Una de las causas del incremento ha sido la mayor asequibilidad de las motocicletas, sobre todo con la entrada, en la década del 2000, de una amplia flotilla de bajo consumo y a bajo precio. Otra causa ha sido el sedentarismo de la población, que está cada vez menos dispuesta a caminar a pie, y menos aún con los crecientes índices de delincuencia; el ciudadano percibe más fácil evitar convertirse en presa de un asalto si cruza en motocicleta cuando transita los callejones solitarios, así como lo sería moverse en carro por las avenidas. Esto crea la demanda de un servicio de transporte fácil de acceder que se encuentre disponible en cualquier barrio o comunidad, siendo personalizado como el taxi  a la vez que barato como el concho.
El motoconchista normalmente es de género masculino; de edad muy variable, predominantemente en un rango entre 18 y 65 años. Población Económicamente Activa, pude haber redundado. De acuerdo con los datos de la OTTT, un 14% es analfabeto, un 65% asistió sólo a la primaria y un 22% hasta la secundaria; el restante 3% no especifica su nivel de escolaridad. En la práctica es posible encontrar también personas con grado universitario desempleadas o cuyos ingresos por sus actividades principales resultan insuficientes para las necesidades que ameritan cubrir en sus familias. 
Hay diferencias entre el motoconchista permanente y el temporal. El permanente suele ser una persona que no ha estudiado o bien abandonó sus estudios, generalmente en la escuela o el liceo, y en la actualidad ejerce esta función como su medio de vida principal. El temporal sólo se dedica a esta actividad durante una época determinada del año o bien por un período definido, mientras satisface alguna meta. En esta categoría caben estudiantes que aprovechan el período de vacaciones para generar con qué sustentar los estudios; personas dedicadas en gran parte de su tiempo a otras actividades productivas, que diversifican sus medios de vida para generar ingresos adicionales; así como la variada gama de motoconchistas que prosperan en días de temporada alta como navidad, el fin de semana que incluye el Día de las Madres, Semana Santa y otros momentos del año cuando aumenta el movimiento de personas entre el campo, el pueblo y la ciudad.
Los hay muy educados en el proceder y los hay que dejan entrever su insatisfacción con la falta de alternativas o con la pequeña cuota que en la jornada les queda en un mercado con cada vez más oferentes en competencia. Esta última no siempre es reñida, sin embargo. Más allá de las multitudes de motoconchistas que llegan a punto de impedir la salida desde las guaguas cuando se quedan los pasajeros y del silbo frecuente y sostenido que amenaza la tranquilidad del caminante en las calles, hay diversas asociaciones de motoconcho que mantienen un nivel de organización digno de ser reconocido. Existe orden para la salida con pasajeros, a manera de facilitar la oportunidad de "ganar el moro" a los diferentes integrantes que trabajan en una parada determinada. Pero también importa si alguien no tiene otro medio de vida, situación que es tomada en cuenta al momento de priorizar en cuanto a la persona que atenderá a los clientes, sobre todo si estos últimos demandan un recorrido que permita la generación de un ingreso mayor.
Una parada de motoconcho tiene relación con una barbería, si bien la dinámica del trabajo es completamente distinta. Al igual que en la última, aquella es un escenario donde se conversa de manera tranquila sobre la vida de todo ausente. No absolutamente fuera de razón se lista el "cuchicheo" entre los deportes favoritos de los dominicanos. A pesar de que este deporte es popularmente atribuido a las mujeres, los dos espacios que acabo de mencionar muestran que los hombres también lo practican. Es un entretenimiento que permite apaciguar los largos intervalos de espera para lograr atender alguno que otro cliente durante la jornada y, aunque a veces puede resultar en la profundización de los problemas que destapa, usualmente es practicado de manera inocente, aunque contagiosa.
Lo entretenido que puede resultar el arte de montar una motocicleta ha llevado a que prosperen sus conductores en general, haciéndose famosos por el poco cumplimiento de las normas de tránsito y, en efecto, por sus acrobacias en la vía pública. El uso del casco protector todavía es asunto muy raro; ciertos motoristas lo llevan en el brazo o en alguna parte de la moto por si en un momento consideran que les será exigido. Aún no pasa notablemente de ser un asunto de cumplimiento a la ley a uno de protección personal, como se quisiera. Muchas familias, aún numerosas, usan la motocicleta como el medio de transporte de todos sus integrantes a la vez, sobreestimando la capacidad de carga de la misma. En cuanto al modo de transitar la vía pública, sobre todo en las ciudades, de los motoristas se entiende que entran por cada pequeño espacio entre los demás vehículos, muchas veces evidenciando el peligro que corren y al cual exponen la vida de los demás.
La eterna pregunta es si su actitud en el tiempo ha sido proactiva o bien una reacción al poco espacio que respetan los conductores de los vehículos más grandes a estos seres humanos que circulan usando un medio de transporte al cual también corresponde un carril en la vía pública. Por los inminentes riesgos a los cuales se expone, el motorista ha sido denominado "muerto ahorita" en la picardía popular. A juzgar por el poco cuidado incluso de su propia persona en el tránsito por las calles, no solo cuando conducen por vía contraria o pasan súbitamente por delante de los demás vehículos, sino también cuando colocan su vida en el hilo de una competencia de velocidad haciendo musarañas en las autopistas, se puede afirmar que es una consideración en buena parte ganada. Al mismo tiempo, el motorista recuerda con todos estos actos que no ha agotado ningún proceso organizado para ganar el derecho legal de transitar las calles conduciendo este medio de transporte, pues casi nunca se recuerda a nivel institucional que para andar en motocicleta a través de la vía pública también aplica la obligación de portar una licencia de conducir.
En relación con el contexto descrito más arriba, los motoconchistas, de manera especial cuando están organizados, suelen ser mucho más cuidadosos que otros motoristas. A diferencia de una gran parte de estos, los primeros conducen una moto como un medio de vida para satisfacer sus necesidades y las de sus familias. En cuanto a su aporte a la economía familiar, las estimaciones han sido variables. Sin embargo, por lo regular el motoconcho como principal medio de vida genera ingresos diarios de entre 300 y 800 pesos dominicanos, a lo cual deben deducirse los costos. Se considera, pues, una actividad de subsistencia; es, a la vez, así como durante mucho tiempo lo fue mayormente la agricultura, la nueva opción última de aquellos que no tuvieron más alternativas.

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