Mi triste guarida

Aunque no me perdones la vida,
cual tormenta que ignora moradas
y con ella mi triste guarida
que al andar calará con sus riadas;

Aunque digas que no lo merezco,
aunque quieras pensar que resisto...
aunque olvides el ay que padezco
si es que acaso imaginas que existo;

Porque supe vivir como vivo,
porque sé de tus ojos el brillo
cuando entregas el ramo de olivo
o si cierras por dentro el pestillo;

Porque habita una flor en tu pecho,
porque miles serán tus razones...
desde el suelo que encarna mi lecho,
te perdono que no me perdones.

Cristino Alberto Gómez
13 de agosto de 2017
@CristinoAlberto

Entradas más populares de este blog

El estudio de mercado de un proyecto

Capitales de la comunidad y desarrollo rural

¡Buenos días, universo!