El primer hijo



Cristino Alberto Gómez

4 de marzo de 2010
Hoy experimenté una emoción de la que había escuchado y leído, pero nunca tenido. Muchos autores se han referido a esto, y justo hoy descubro esta única sensación. No fue la primera, ni una de ellas, sino la única vez. Es lo que se siente cuando ves, publicado, el primer ejemplar de tu libro. 

Duré varios días esperando; a veces estuve triste, admito, aunque nunca perdí la esperanza. Se extendió a 20 el plazo que esperaba fuese de 3 a 5 días. Investigaba por las dos oficinas de correos de la universidad, a cuyos encargados ya tenía hasta el cuello de llamadas, correos, visitas y preguntas directas.

Hoy lo recibí: "ha llegado el agua", como dice uno de los versos de uno de los poemas que contiene este libro. Iba precisamente a abrir el casillero a las 9:25 de la mañana cuando, metros antes, fui llamado a entrar en una oficina. Había llegado hacía unos minutos y Marta había decidido esperar a verme y entregármelo personalmente, pues la caja no cabía en el casillero. Hasta la misma caja me resultó especial. Al ver en su borde la marca de la editorial, Lulu, abrí los brazos y dije "por fin, gracias a Dios". Respiré profundo con el aire la alegría.

Así la caja con ambas manos y me dirigí al aula Honduras, donde me acerqué a mi amiga Rut, la secretaria del Consejo Estudiantil que presido, diciéndole "para que compartas mi felicidad". Entonces con los dientes de una llave rompí la cinta selladora y al abrir, ¡allí estaba mi hijo! Me sentí muy contento y agradecido, mientras recibía también los abrazos de otras personas que compartieron la emoción de esta noticia.

Recordaré este momento mientras mi memoria exista, por lo especial y emocionante que ha sido, con plena conciencia que jamás en la vida podré recibir el primer ejemplar del primer libro publicado: el primer hijo.

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