Tu castigo


Es hoy. Está lloviendo. Mi cuarto está vacío.
La soledad me cubre; me hiere más el frío.
¿Qué importa que estés lejos, qué importa si es domingo?
Quiero abrazarte ahora. No tardes. Ven conmigo.

Ni siquiera la luna se posa ante mis ojos;
el silencio en la noche te trae y te regresa.
No quiero que te vayas, no puedo estar tan solo,
no debo acostumbrarme: la soledad me besa.

Muérdeme cuando quieras, córtame la cabeza,
híncame sobre el guayo, pégame el tirigüillo.
Haz lo que quieras, vida, que hasta la vida pesa
pero: misericordia, cámbiame tu castigo.

Ya no quiero postrarme junto al rincón que habito.
Ya no puedo pedirte; sé que vendrás conmigo.
¿Cuándo será? ¿Quién sabe cuándo seré bendito
o si nací tan sólo para soñar contigo?

Cristino Alberto Gómez
7 de marzo de 2010

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